MIS SÚPERVACACIONES!!!!



Acabo de tener unas… vacaciones esporádicas. 
¡Madre mía! ¡¿Qué estoy escribiendo?!
Por favor, leed esa frase otra vez y decidme si no os sugiere algo… sexual. ¿No?... Vale. Entonces debo ser yo, que estoy muy mal.
Pues sigo: acabo de tener unas vacaciones esporádicas… (jijijiji) que quiere decir que suceden con poca frecuencia; no que las haya tenido por esporas. Creo que me estoy liando.
Empezaré de nuevo: este fin de semana me he ido a la playa. Porque necesitaba desconectar y relajarme y… ¿qué mejor sitio que... ¡Gandía!? Esa playa que algunos consideran que es propiedad de los madrileños, otros que es una playa para familias y el resto, que es la orilla de las fiestas y el desenfreno.
Justo lo que estaba buscando.
En fin, que el viernes, sobre las cinco y media de la tarde, salimos de Alcalá de Henares, rumbo a Gandía para disfrutar al máximo de… ese día y medio de vacaciones. ¡Vaya mier…!
Para que entendáis mi actitud, debo poneros en antecedentes sobre lo que ocurrió antes del viaje (todo lo que ocurrió después son poscedentes… ¿no? o algo así).
Comenzaré diciendo que la noche del jueves al viernes, por motivos ajenos a mí, como tener que ir a trabajar (que es ajeno porque yo no lo quiero para nada) sólo dormí tres horas. Pero no me importó porque… me iba a la playa. Salí del trabajo súpercontenta y, en el camino a casa, tuve que parar en una rotonda para ceder el paso (que es lo que normalmente se hace en las rotondas ¿verdad?) Bien, pues arranqué y antes de poder meter la segunda marcha noté un golpe por detrás. En el coche. ¡Vaya hombre!
Como ni siquiera me había dado tiempo a incorporarme a la rotonda, paré el vehículo, me puse mi discreto chalequito amarillo fosforito y salí a ver qué había pasado. Os resumo lo que la conductora, con mucha educación me dijo nada más verme:
-¡Pero ¿qué haces?! ¡La culpa es tuya que has frenado de golpe! ¡Cómo se te ocurre! Porque que sepas que yo tengo el seguro a todo riesgo y voy a llamar a la policía. Que eso no se puede hacer. Claro… COMO HAS FRENADO DE GOLPE, a mí no me ha dado tiempo a mirar a todos lados…
De verdad que yo flipo con la peña. Ni me inmuté. La dejé que me increpase lo que le dio la gana. Le dije que yo no iba a discutir por esa tontería, porque ni siquiera teníamos ningún daño, que llamase a la policía si le daba la gana y que podía ver las cosas como quisiese, pero que la culpa era suya…. ¡vamos que si era!
Nos fuimos. Ya había perdido una media hora más o menos. Cuando quise llegar a mi casa, eran casi las cuatro de la tarde. Comí pollo como los pavos e intenté echarme un rato la siesta. Después de dar mil vueltas, cuando estaba a punto de coger el sueño, llegaron mis hijos hablando en un tono mezcla de: “¡¿Estás sordo?!” y “¡Que me escuches fuertemente!”, lo que originó que me tuviese que levantar. Pero no pasaba nada porque me iba a la playa…
En fin, preparamos las cuatro cosas que nos hacían falta y partimos rumbo a la desconexión. Y ¿qué nos encontramos? Que tuvimos que estar parados (literalmente) en la carretera por culpa de un accidente que, por fortuna, no tuvo heridos pero que logró que llegásemos a "casi la playa más cercana a Madrid" en tiempo récord: como unas seis horas.
No voy a contaros lo que ocurrió el sábado porque fue estupendo. Disfruté al máximo de mis hijos (ellos en la piscina y yo en la playa), de las olas que me zarandeaban de un lado a otro sin que fuese capaz de mantener una posición digna dentro del agua más de diez segundos, de los paseos por la playa, esquivando a las ochocientas cincuenta y cuatro mil personas, del sol… del sol… sí, lo repito porque se nos olvidó la sombrilla… algo imperdonable en Gandia… lo sé. Pero bueno, todo lo demás valió la pena, porque era necesario para estar contigo amor… (¡Uy cómo me desvío…! Perdón)
Pues aún nos quedaba el domingo para disfrutar y ¿qué ocurrió el domingo? ¡Vamos! ¡¿Alguien se atreve a decir qué ocurrió el domingo?! Pues que, contra todo pronóstico… ¡amaneció lloviendo! Y según las previsiones, seguiría lloviendo durante todo el día.
¿Qué podíamos hacer? Meter de nuevo las cuatro cosas que habíamos llevado en la bandolera, porque no nos daba ni para una minimochila… y volver a casa.
Esto me ha dado que pensar. Ya escribí un post sobre las casualidades o coincidencias. ¿Creéis en ellas? Porque… cuando fui a firmar libros a Úbeda, acabó lloviendo; cuando fui a Valladolid… acabó lloviendo y me voy a Gandia… ¡y acaba lloviendo!
Sé que estáis pensando que soy gafe… o que canto más de la cuenta… Yo prefiero pensar que, aunque hay mucha gente que ha nacido con estrella… los que nacimos estrellados… nos estrellaremos siempre.
Bueno, si hay por ahí algún alma caritativa que quiera compartir unas vacaciones conmigo… que se lo piense dos veces si no quiere acabar… empapado.

Y ya sabes… sea el día que sea… ¡que pases un feliz fin de semana!

Comentarios

  1. Hello cuanto tiempo verdad?
    Dios q mierdecilla de vacaciones!!
    Bueno no digo" na" por si las mías son iguales ☺️

    ResponderEliminar
  2. Bueno Nuria, quedate con lo bueno Yo. 🙂 🙂 🙂 🙂

    ResponderEliminar
  3. No eres gafe..bienvenida al club. Cuando voy a Granada llueve . Incluso en agosto.
    Será el destino...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares