UNA TARDE EN LA ÓPERA
Los aficionados a la ópera asisten para ver la
función, pero también para escucharla, así que durante la representación nunca
hay que hacer comentarios, lanzar exclamaciones cuando nos suene una melodía
archifamosa (que ya te digo yo que no la vas a escuchar…) tararear, quitar el
envoltorio a los caramelos, abrir un abanico cuando se tiene calor y ventilarse
dándose golpes con él en el pecho, toser desmesuradamente y sin control (si te
ahogas… te aguantas) buscar cualquier tipo de objeto en una bolsa de plástico,
dejar puesta una alarma en el reloj y el móvil sin silenciar... pero vamos… que
por lo demás… puedes hacer lo que quieras.
Se trata de molestar al prójimo lo menos
posible para que tenga la sensación de que está solo en la sala (hombre… con un
aforo de 1750 personas… complicado lo veo…)
Pero, para que no te sientas como un bicho
raro, aquí te dejo una serie de normas que te ayudarán:
NORMAS PARA IR A LA ÓPERA
Relájate y disfruta
¿Dónde he oído esa frase antes? Relájate, porque no
es cierto que haya que ser un experto para poder disfrutar de ópera. Otro de
tantos mitos…
Mejor en un teatro
La ópera es teatro. Está pensada para ser vista en directo. Lo que ocurre
es que las entradas no son muy económicas que digamos. Como decía Molière, “…de todos los ruidos que se conocen del hombre, la ópera es el más caro”. Muchas
óperas duran dos o tres horas; pero tranquilos porque suele haber descansos y
lo que se haga en ellos forma parte de una liturgia que no se puede vivir desde
casa.
Elige bien el título
Nunca hay una segunda oportunidad para una buena primera impresión. Si no te gusta la música clásica, puede que un
drama de Wagner de cinco horas haga que te duermas o que se genere en ti un
instinto asesino que desconocías.
¿Qué me pongo?
El atuendo de algunos espectadores compite (en
elegancia o en extravagancia) con el de los actores del escenario. La
clave es un clásico: arreglado pero informal. Y si se trata de un gran estreno,
un poco más arreglado que informal. Mientras vayas limpio…
Aplaudir
Por si no lo sabías… hay ciertos momentos en
los que lo habitual es aplaudir.
El primero es la aparición del director de
orquesta. Salvo que sea muy famoso, el aplauso será de cortesía y hasta
desapasionado. También se puede aplaudir después de un aria o un dúo
excepcional. Aquí la decisión es espontánea y colectiva entre los espectadores.
Quiere decir que, para no hacer el ridículo, tú aplaude cuando lo hagan los
demás.
LA PRIMERA VEZ
QUE VAS A LA OPERA
Los gustos cambian con la edad y habiendo
pasado hace unos años las… tres décadas, se me despertó la curiosidad por
presenciar una de estas obras.
Acepté la invitación a ver “Street Scene” al Teatro Real de Madrid, como quien corre una media maratón para probarse que las metas imposibles divididas en pequeñas
tareas se vuelven fáciles de lograr, pero convencido de que no volvería a
correr en su vida.
Cuando entré en el Teatro, estaba tan absorta
mirando al techo que tenía todas las papeletas para pegarme un piñazo. Afortunadamente,
mi acompañante me sacó de mi ensimismamiento:
-¡Rápido! ¡Vamos al baño antes de que esté
lleno!
Eso no lo pone en las normas, pero es
importantísimo. Mientras dura la función, no te dejan moverte del asiento, así
que tú verás… hora y media hasta el descanso… De hecho, en el descanso, momento
en el que el teatro se quedó completamente vacío, mi amiga me volvió a
preguntar:
-Nuria… ¿tienes pis?
Y yo, con mi sonrisa más irónica, le contesté:
-Noooo…. Si llevo un Tena Lady…
No sé qué me impresionó más: si el Teatro en sí
o la afluencia de gente. Mil setecientas cincuenta personas… son muchas
personas… (ahora que lo pienso… podía haberme llevado mi libro para venderlo…)
Pero es que… ¡estaba lleno! Y también me sorprendió descubrir que había gente
de todas las edades y que, efectivamente cada uno iba vestido como le daba la
gana: desde chicas con vaqueros a señoras con traje de noche (El “otro” traje
de noche. No el pijama).
Nuestros asientos se situaban en la parte alta
del Teatro (al subir tantas escaleras, me libré de mi clase de spinning).
Curiosamente, a esa zona la llaman El "paraíso" desde donde se abarca
toda la sala con su forma de herradura a la italiana. Los suspiros en el escenario se oyen en el paraíso. Doy fe.
Llena de emoción y expectante, comenzó la
función.
Existe un mito en el mundo de la ópera: “Los teatros construidos cerca del agua
tienen mejor sonoridad". Pues, el Teatro Real no está construido cerca del agua,
sino sobre ella, ya que toda la zona se asienta sobre un acuífero, así que no es de
extrañar que su acústica sea fabulosa.
Según el crítico musical Alberto González
Lapuente…Hay a quien le preocupa la correcta definición de los géneros y
encuentra incómoda la anomalía. Sucede con “Street Scene”: musical, ópera
estadounidense, ópera de Broadway, ópera popular… una obra cuya gracia más
inmediata podría ser la simultaneidad de clase.
En “Street Scene” dan cuenta de un ámbito
creativo donde se pone en valor lo cotidiano, la pulsión del presente y, en
definitiva, se agita a los espectadores entendidos como ciudadanos. Sobre el
escenario y así lo refleja estupendamente la propuesta escénica dirigida por
John Fulljames, se palpa la realidad y apenas se divaga… «Street Scene» habla
del amor imposible, de desahucios y precariedad laboral, en un barrio deprimido
de Nueva York.
Precisamente, el mérito escénico y musical de
esta propuesta es la potente coherencia narrativa, la gestualidad y el sentido
coreográfico de la escena, con apoteosis en el número que descubre al fondo la
silueta iluminada de Nueva York, el control, la gestión de los gestos
equilibrando esa balanza de géneros sobre la que se edifica la obra… Incluso la
muy interesante experiencia de un teatro musical distinto que a veces por su
naturaleza, es verdad, produce extrañeza al contemplarlo sobre el escenario del
Real. Sentirlo, invita a reflexionar sobre una realidad artística siempre
instructiva y moralizante.
MI OPNINIÓN
PERSONAL
Desde mi ignorancia, he de decir que había demasiado
diálogo en esta obra y eso no me habría supuesto un problema si hubiese sido en español (idioma
que domino a la perfección), pero claro… había que estar leyendo los subtítulos
en una pantalla. Y, si hacías esto, te perdías las escenas, que, por otro lado,
quizás, para mi gusto, fueron demasiado… estáticas. Yo estoy más acostumbrada a
ver musicales, en donde el movimiento y el colorido son parte fundamental. No
sé si esto ocurrirá con otras óperas de estilo más clásico, pero en Street Scene,
si no entiendes lo que los artistas dicen y cantan, te pierdes en la historia.
Me agobiaba un poco no saber si dar prioridad al placer de escuchar y ver sin
entender o al saber para parecer lo que no soy.
Al final decidí no seguir leyendo y centrarme
en el espectáculo que se me ofrecía: en las voces, en la música, en el
escenario, en la puesta en escena… y disfruté. Disfruté muchísimo. Tal fue la
sensación que, al salir del Teatro no sabía si me encontraría en medio de los
luminosos tubos de neón que se descuelgan de todo Broadway o me toparía con el
Palacio Real de la Plaza de Oriente.
Así que, si alguien me pregunta si repetiría la
experiencia… la respuesta es SÍ.
Y ya sabes… sea el día que sea… ¡que pases un feliz fin de semana!
Y ya sabes… sea el día que sea… ¡que pases un feliz fin de semana!


La primera y última vez que estuve en el Teatro Real fue para ver la ópera Porgy and Bess, ritmos de jazz, blues, sonidos afroamericanos y música Gospel. Me gustó la experiencia!! de esto hace ya tres años, no se me ha presentado de nuevo la ocasión pero volveré....
ResponderEliminarYo nunca he ido a la ópera, seguro q tiene q ser impresionante.
ResponderEliminarSiempre y cuando lo q vayas a ver sea de tu agrado , si no , espero q los asientos sean comodis para sobar😁