RESEÑA: "MAMÁ EN APUROS CONTRA EL CÁNCER"

Antes de comenzar a hablar del libro que voy a reseñar: “Mamá en apuros contra el cáncer”, me veo en la obligación de hablar de su autora, o más bien, de contaros cómo nos conocimos.
Es cierto que quizás me sentí empujada a asistir a su presentación en Mejorada del Campo por cierta presión local… pero no porque el espacio fuese reducido y estuviésemos apretujados, que no… si no porque Pilar es una escritora mejoreña y yo… pues yo no; así que al final tomé la decisión de acudir basándome en un “tengo que ir” sin plantearme que quizás existía otra opción: la de “¡No quiero ir!” 
Sé que habría sido más fácil ser honesta con ella sobre la razón por la que no podía asistir (que, básicamente era que no me apetecía) o podía mentir. Hay estudios que muestran que mentir es una parte común de nuestra vida cotidiana y que, cuando se usa para relajar tensiones sociales en vez del propio interés, una mentira blanca puede ser una mejor opción que la verdad. Porque… ¿cuál era realmente la verdad?
Seamos sinceros: una semana antes yo había hecho la presentación de mi libro “Me llamo Asia”, en ese mismo local y Pilar… ¡no vino! Ya está. Ya lo he dicho. Me enfadé. Bueno, tampoco es eso. Sin conocerla y sin molestarme en saber sus razones, Pilar me hizo sentir inferior. Mi cabeza (como de costumbre) comenzó a bombardearme con frases del tipo “¡¿Quién se habrá creído ésta que es para no venir a mi presentación?!” o Pues si se piensa que voy a aguantar toda su charla, lo lleva claro”.
Así que entré lo más discretamente que pude y me senté en el primer hueco que encontré libre.
El resto de invitados aún no había llegado y Pilar aguardaba en su sitio un poco nerviosa. Y lo que ocurrió a continuación fue algo increíble. Pilar me miró y con una sonrisa de oreja a oreja se acercó hasta mí.
-¡Nuria… qué bien que hayas venido!-me dijo sin dejar de sonreír y como si me conociese de toda la vida-Perdóname…me hubiese encantado estar en tu presentación, para copiarte un poco y eso… que me han dicho que me has puesto el listón muy alto, pero me encontraba fatal…
¡Encima venía haciéndose la mártir! ¡Pues se iba a enterar! Así que le dije:
-…No te preocupes-con un hilo de voz-seguro que lo haces genial.
¿Qué queréis que os diga? Me quedé sentada y escuché toda la presentación sin abrir la boca y eso que ella, me mencionó en varias ocasiones. Pero para bien ¿eh? Y eso es algo… pues muy de agradecer, la verdad.
A partir de ahí, entre Pilar y yo se fue generando una amistad, que tuvo sus comienzos en nuestras aficiones y la necesidad que tiene ella de ayudar a todo el mundo. Hemos compartido caseta de venta en varias ocasiones y, sobre todo, muchas risas.
Así que, antes de empezar a destriparos su libro, sólo me queda agradecer la decisión que tomé aquel día de ponerme un vaquero para la presentación, porque no habría podido aguantar con falda tanto tiempo… bueno, y también la de haberme “obligado a ir”.

“MAMÁ EN APUROS CONTRA EL CÁNCER”

Como ya os he dicho, conocí a Pilar al mismo tiempo que a su libro. Sabía, por terceros que se trataba de un libro que habla sobre sus experiencias con el cáncer de cuello de útero que padeció hace un tiempo.  Cáncer: horrible palabra que todos escondemos, como si ignorándola pudiéramos evitar que algún día se alojara en nuestro cuerpo. Escondemos la palabra y escondemos los efectos... Craso error, dicen los expertos, porque las enfermedades son enfermedades.
A mí siempre me ha costado mucho leer o ver películas que tratan sobre hechos reales. A menudo me siento frustrada, impotente, egoísta y culpable. Así que, tener ese libro en mis manos y saber que “debía” leerlo… me suponía un gran reto.
Nada más lejos de la realidad. Desde la primera página (que empecé esa misma noche), me pareció increíble y admirable cómo Pilar consiguió narrar unas experiencias… tan traumáticas para todos, con tintes de humor que, por otro lado, no esconden la importancia y la gravedad de cada situación.
Me sentí identificada al instante con su forma de escribir… A menudo suele decirse que para fomentar la felicidad cotidiana, nunca está de más practicar el sentido del humor e incluso el burlarnos de nosotros mismos. Es quizá un modo de relativizar las cosas y de ser también, algo más humildes.
Pilar escribe con ironía. Y no me da ninguna vergüenza reconocer que yo también lo hago (por si algún despistado no se había enterado). Sí, habéis leído bien: “No me da vergüenza”, porque hay muchas personas que piensan que la ironía es algo tóxico. Pues bien, os dejo definición al canto:
Si algo procura la ironía es desentrañar un rincón escondido del alma. Y debido a eso, por internarse en territorios tan íntimos, tan intrincados, toma desprevenido al propietario y lo sorprende en alguna postura indecorosa: de ahí viene la sonrisa. En el fondo de la ironía siempre anida la compasión, alguna forma de compasión. Hay una fraternidad secreta entre el que ejecuta una ironía y el que la padece, quizás porque la verdadera legitimidad de la persona irónica para practicar su arte es que lo despliega, en primer lugar, sobre sí mismo y que se encuentra dispuesto a servir de inspiración a la ironía de los demás. En la ironía pervive, intacta, aquel famoso imperativo moral: no hagas a los otros lo que no quieras que te hagan a ti. Sólo que formulada en sentido positivo: si quieres reírte de los otros, empieza por reírte de ti mismo.
Frente a la ironía, que obra como una palmada sobre la espalda, el sarcasmo se mueve con la eficacia hiriente de una navaja. El sarcasmo es cruel y esencialmente perverso. Pero lo que más llama la atención en el sarcasmo es la paradójica naturaleza de aquel que lo practica: el sarcástico no tiene sentido del humor. El sarcástico es un patán mal encarado que disfruta ideando agudezas sobre los demás, pero que jamás permitirá la más mínima observación sobre sí mismo. 

Recomiendo encarecidamente que leáis este libro porque, además de ser divertido, me ha enseñado una palabra nueva: resilencia (que yo creí que era como los gitanos llamaban a la Zarzuela: "la resilencia el Rey). Decid lo que queráis, pero cuando yo era pequeña, ni esta palabra ni los chinos, existían. Aunque también me da pena. Me da pena cómo el libro de Pilar te hace querer modificar tu vida... casi sentir el dolor de los que sufren... solidarizarte con ellos y replantearte cuáles van a ser tus prioridades a partir de ese momento... porque, en el mismo instante en que tu mente regresa a tu rutina... todo eso se te olvida...
En fin... así somos los seres humanos ¿no? ¡Menos mal que siempre podremos leer y releer!

Y ya sabes… sea el día que sea… ¡que pases un feliz fin de semana!

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